
Conocimiento, técnica y responsabilidad
En la actualidad la terrariofilia dispone de una consolidada infraestructura. Pese a ello, uno tiene que ser consciente de sus aptitudes y limitaciones y conocer las responsabilidades que conlleva el óptimo mantenimiento en cautividad de reptiles, anfibios y artrópodos antes de querer adentrarse en él.
Nuestra afición no debe dejar nada al azar y siempre ha de partir de un minucioso estudio previo en el que se debe recopilar y contrastar toda información relacionada con la historia natural, la ecología y la biología de las especies que deseemos mantener. Este proceso de formación será continuo, reciclarse es un deber terrariófilo, y nos permitirá satisfacer por completo las necesidades de nuestros animales y evitar las fatales consecuencias de un mantenimiento erróneo.

Si la documentación previa es un factor clave en el éxito de cualquier terrariófilo, también lo es la elección del animal (o animales) que se quieran mantener en terrarios y vivarios. Decantarse por reptiles, anfibios y artrópodos nacidos en cautividad es en el presente una prioridad tanto para aficionados nóveles como para los más experimentados (salvo en contadas ocasiones), para así salvar inadaptaciones y evitar innecesarias extracciones de fauna del medio natural.
Del mismo modo, se deben considerar las necesidades de espacio de unas u otras especies. La finalidad de cualquier terrariófilo es poder admirar el comportamiento de sus especies cautivas, y para que así sea debemos aportarles unas instalaciones óptimas, que les permitan llevar a cabo sus formas innatas de comportamiento. No es terrariofilia alojar a una iguana de más de un metro de longitud en un diminuto terrario en el que apenas pueda moverse.
Conocer y asumir nuestro grado de conocimiento, el nivel de nuestra técnica y el tiempo que estaremos dispuestos a dedicar a nuestros animales serán también elementos influyentes en nuestra toma de decisiones. Cabe destacar que los animales “fáciles” de mantener en cautividad disponen de comportamientos tan interesantes como los de otras especies cuyo mantenimiento es más costoso. Además, no por disponer del animal más exigente o “exclusivo” seremos más o mejores terrariófilos. Un verdadero aficionado jamás debería confundir valor con precio.
La terrariofilia es una afición apasionante, pero debemos disfrutarla con rigor y responsabilidad.
